Les dejo un resumen de la 20ª Conferencia de Sigmund Freud, que fué el texto que mencioné en el grupo acerca de la sexualidad... Dejo todo el resumen para quien le interese ver la postura de Freud ante el "tercer sexo", los usos del objeto sexual, entre otras cosas.
Como ya mencioné, este es solo un resumen, el que quiera el texto completo me lo puede pedir y se lo alcanzo (no lo encontré en la web)
Saludos!
Berni
20ª Conferencia: La vida sexual de los seres humanos.
Freud
En general, no carecemos de orientación acerca de los que los hombres llaman sexual. Para todas las necesidades practicas de la vida cotidiana, bastará algo que convine las referencias a la oposición entre los sexos, a la ganancia de placer, a la función de la reproducción y al carácter de lo indecoroso que ha de mantenerse en secreto. Pero para la ciencia no basta con eso. Cuidadosas indagaciones nos han hecho conocer a grupos de individuos cuya “vida sexual” se aparta, de la manera más llamativa, de la que es habitual en el promedio. Una parte de estos “perversos” han borrado de su programa, por así decir, la diferencia entre los sexos. Desde luego, han renunciado asó a participar en la reproducción. A estas personas las llamamos homosexuales o invertidos. Muchas veces son hombres o mujeres por lo demás intachables, de elevado desarrollo intelectual y ético. Se presentan como una variedad particular del genero humano, como un “tercer sexo” a igual título que los otros dos.
Estos perversos hacen con su objeto sexual más o menos lo mismo que los normales con el suyo. Pero sigue luego una larga serie de anormales cuyas prácticas sexuales se apartan cada vez más de lo que un hombre dotado de razón considera apetecible. Los dividimos en dos grupos: aquellos en que se ha mudado el objeto sexual (como en el caso de los homosexuales) y aquellos en quienes principalmente se alteró la meta sexual. Al primer grupo pertenecen los que renunciaron a la unión de los dos genitales y en el acto sexual los sustituyen, con un compañero, por otra parte o región del cuerpo; al hacerlo se sobreponen a la falta del dispositivo orgánico y al impedimento del asco (boca, ano en lugar de la vagina). Después siguen otros para los que cuentan los genitales, mas no a causa de sus funciones sexuales, sino de otras en las que participan por razones anatómicas y motivos de proximidad. En ellos advertimos que las funciones excretorias, apartadas por indecorosas en la educación del niño, siguen siendo capaces de atraer sobre si el pleno interés sexual. Otros, todavía, han resignado enteramente como objeto los genitales, elevando en su remplazo otra parte del cuerpo a la condición de objeto anhelado: el pecho de la mujer, el pie, una trenza. Vienen después los que no se interesan ni siquiera por una parte del cuerpo, pues una pieza de indumentaria les llena todos los deseos: un zapato, ropa interior; son los fetichistas. Por último, las personas que reclaman el objeto total, pero le hacen determinadas demandas raras u horrendas, incluida la de que se convierta en un cadáver inerme, y llevados por una compulsión criminal hacen lo preciso para poder gozarlo así.
El otro grupo está constituido por los perversos que han establecido como meta de los deseos sexuales lo que normalmente es sólo una acción preliminar y preparatoria. Anhelan mirar y palpar a la otra persona, o contemplarla en sus funciones íntimas; o los que desnudan las partes pudendas de su cuerpo con la oscura esperanza de ser recompensados con una acción idéntica del otro. Después siguen los enigmáticos sádicos, cuya aspiración tierna no conoce otra meta que infligir dolores y martirizar a su objeto; y, como para contrabalancearlos, sus correspondientes, los masoquistas, cuyo único placer es soportar de su objeto amado toda clase de humillaciones y martirios. Existen otros que se contentan con imaginarse meramente esa satisfacción; a estos no les hace falta ningún objeto real, sino que pueden sustituírselo por la fantasía.
Todas estas perversiones son “signos de degeneración” demostrando que tales aberraciones de la meta sexual, tales aflojamientos del nexo con el objeto sexual, ocurrieron siempre, en todas las épocas por nosotros conocidas y ente todos los pueblos, así los más primitivos como los de la civilización más alta, y en ocasiones fueron tolerados y alcanzaron vigencia general (Iwan Bloch).
Nos vemos precisados a considerar la elección de objeto dentro del mismo sexo como una ramificación regular de la vida amorosa, y cada vez más aprendemos a concederle particular importancia. Respecto de una determinada afección que ya no podemos contar entre las neurosis de transferencia, la paranoia, suponemos que por regla general nacer del intento de defenderse de unas mociones homosexuales híper intensas.
Advertimos también que en gran medida los órganos de la recepción de alimentos y de la excreción pueden convertirse en portadores de la excitación sexual. En la histeria tenemos que dar primero el rodeo por la interpretación de los síntomas y, después, no atribuir las mociones sexuales perversas en cuestión a la conciencia de los individuos, sino situarlas en el inconciente de ellos.
Todas las inclinaciones perversas arraigan en la infancia; los niños tienen toda la disposición (constitucional) a ellas y la ponen en práctica en una medida que corresponde a su inmadurez. En suma, la sexualidad perversa no es otra cosa que la sexualidad infantil aumentada y descompuesta en sus mociones singulares.
Lo que despierta en niños entre los 12 y los 14 años, es la función de la reproducción que se sirve para sus fines de un material corporal y anímico preexistente. Se incurre en el error de confundir sexualidad y reproducción, y así, se cierran el camino para comprender la sexualidad, las perversiones y la neurosis. Pero este error es tendencioso. Tiene su fuente en el hecho de que ustedes tambien fueron niños y como tales estuvieron sometidos a la influencia de la educación. La sociedad tiene que hacerse cargo de dominar la pulsión sexual cuando aflora como esfuerzo por reproducirse, tiene que restringirla y someterla a una voluntad individual que sea idéntica al mandato social. El motivo de la sociedad humana es económico; como no posee los medios de vida suficientes para mantener a sus miembros sin que trabajen, tiene que restringir su número y desviar sus energías de la práctica sexual para volcarlas al trabajo.
La tarea de guiar la voluntad sexual de la nueva generación sólo podía cumplirse si se empezaba a influir sobre ella desde muy temprano, si en lugar de esperar la tormenta de la pubertad se intervenía ya en la vida sexual de los niños, que la preparaba. Con este propósito se prohibieron y se desalentaron en el niño casi todas las prácticas sexuales.
Exactamente igual que el hambre, la libido está de destinada a nombrar la fuerza en la cual se exterioriza la pulsión; en este caso es la pulsión sexual. En cuanto a las practicas sexuales del lactante, son casi siempre materia de interpretación. Las primeras mociones de la sexualidad aparecen en el lactante apuntaladas en otras funciones importantes para la vida. Su principal interés está dirigido a la recepción de alimento; cuando se adormece luego de haberse saciado en el pecho, expresa una satisfacción beática, lo cual se repetirá más tarde tras la vivencia del orgasmo sexual. El lactante quiere repetir la acción de recepción de alimento sin pedir que se le vuelva a dar este; por tanto, no está bajo la impulsión del hambre. Decimos que chupetea, y en el hecho de que con esta nueva acción también se adormezca con expresión beática nos muestra que, en sí y por sí, ella le ha dado satisfacción. El lactante ejecuta acciones cuyo único propósito es la ganancia de placer. Somos de la opinión de que primero vivencia ese placer a raíz de la recepción de alimento, pero que pronto aprende a separarlo de esa condición. Sólo a la excitación de la zona de la boca y de los labios podemos referir esa ganancia de placer; llamamos zonas erógenas a estas partes del cuerpo y designamos como sexual al placer alcanzado mediante el chupeteo.
El mamar del pecho materno pasa a ser el punto de partida de toda la vida sexual, el modelo inalcanzado de toda satisfacción sexual posterior, al cual la fantasía suele revertir en momentos de apremio. Incluye el pecho materno como primer objeto de la pulsión sexual. Primero es resignado por el lactante en la actividad del chupeteo, y sustituido por una parte del cuerpo propio. El niño se chupa el pulgar, chupa su propia lengua. Por esa vía se independiza del mundo exterior en cuanto a la ganancia de placer, y además le suma la excitación de una segunda zona del cuerpo.
Inferimos que el lactante tiene sensaciones placenteras cuando vacía su vejiga y sus intestinos, y después organiza estas acciones de tal manera que le procuren la máxima ganancia de placer posible mediante las correspondientes excitaciones de las zonas erógenas de la mucosa. El mundo exterior se le enfrenta por primera vez como un poder inhibidor, hostil a sus aspiraciones de placer, y así vislumbra las luchas externas e internas que librará después. No debe expeler sus excrementos cuando a él le de la gana, sino cuando otras personas lo determinan. Para moverlo a renunciar a estas fuentes de placer, se le declara que todo lo que atañe a estas funciones es indecente y está destinado a mantenerse en secreto. En este momento, por primera vez, debe intercambiar placer por dignidad social.
Freud quiso presentar los hechos de la vida sexual infantil en conexión con los hechos de las perversiones sexuales. En gran número de adultos, así homosexuales como heterosexuales, el ano realmente toma en el comercio sexual el papel de la vagina. Es algo evidente, si el niño tiene en efecto una vida sexual, no puede ser sino de índole perversa, pues, salvo unos pocos y oscuros indicios, a él le falta lo que convierte a la sexualidad en la función de la reproducción. Llamamos perversa a una práctica sexual cuando ha renunciado a dicha meta y persigue la ganancia de placer como meta autónoma. La ruptura y el punto de viraje en el desarrollo de la vida sexual se hallan en su subordinación a los propósitos de la reproducción. Todo lo que acontece antes de ese viraje, y todo lo que se ha sustraído a él, lo que sólo sirve a la ganancia de placer, es tildado con el infamante nombre de “perverso” y es proscrito como tal.
La investigación sexual de los niños es demasiado característica de la sexualidad infantil y demasiado importante para la sintomatología de las neurosis. La investigación sexual infantil empieza muy temprano, a menudo antes del tercer año de vida. No arranca de la diferencia de los sexos, que nada significan para el niño, pues –al menos el varón– atribuye a ambos idénticos genitales, los masculinos. Si después el varón descubre la vagina, primero intenta desmentir el testimonio de sus sentidos, pues no puede concebir un ser humano semejante a él que carezca de esa parte que tanto aprecia. Más tarde siente temor ante la posibilidad que se le ha abierto; y sobre él ejercen su efecto con posterioridad las amenazas que pudo haber recibido antes por ocuparse con demasiada intensidad de su pequeño miembro. Así cae bajo imperio del complejo de castración. De la niñita sabemos que a causa de la falta de un gran pene visible se considera gravemente perjudicada; envidia al varón tal pertenencia y por este motivo, esencialmente, desarrolla el deseo de ser hombre, deseo que se retomará más tarde en la neurosis sobrevenida a causa de un fracaso en su papel femenino. Por lo demás, en la infancia el clítoris de la niña desempeña enteramente el papel del pene; es el portador de una particular excitabilidad, el lugar donde se alcanza la satisfacción autoerótica. Para que la niñita se haga mujer importa mucho que el clítoris ceda a tiempo y por completo esa sensibilidad a la vagina. En los casos de la llamada anestesia sexual de las mujeres, el clítoris ha conservado obstinadamente esa sensibilidad.
Hemos ampliado el concepto de la sexualidad sólo hasta el punto en que pueda abarcar también la vida sexual de los perversos y la de los niños. Lo que fuera del psicoanálisis se llama sexualidad se refiere sólo a una vida sexual restringida, puesta al servicio de la reproducción y llamada normal.
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